Entender la Violencia de Género en Momentos de Crisis

Por Emilia Ríos Saavedra

Publicado originalmente en: emiliarios.cl/entender-la-violencia-de-genero-en-momentos-de-crisis/

Hace un tiempo, visitamos el Departamento de la Mujer de Ñuñoa para conocer cómo está funcionando y tener mejor idea de cómo podemos mejorarlo. Una de las conclusiones de esa visita, es que los recursos son pocos para la demanda de las mujeres de la comunidad. Hoy, en tiempos de pandemia, cuarentenas y distanciamiento social, la violencia contra la mujer vuelve a estar al centro.

A muchas mujeres, la cuarentena las obliga a estar permanentemente con sus agresores y las probabilidades de ser víctimas de violencia de género aumentan.  Si antes el trabajo, los niños, y las actividades cotidianas permitían aliviar la tensión familiar, hoy esa realidad parece lejana. Si además y tomamos en cuenta el débil trato a la salud mental,  la cesantía que aumenta y la recesión económica como factores que incrementan el estrés y conflictos familiares, el panorama no resulta muy alentador.

No obstante, existen diversas formas de combatir la violencia de género incluso en estos tiempos, y es más urgente que nunca estar informado al respecto. Para ello, en el segundo capítulo de Emilia (no) lo Explica Todo, conversamos con dos expertas en la materia, Tatiana Rojas y Viviana Vicencio. Fundadoras de la consultora Communitas , llevan años trabajando temas de género, feminismos y sexualidad.

Acá te resumimos lo más importante de esta conversación y te compartimos datos sobre iniciativas de la sociedad civil contra la violencia de género y números donde denunciar.

Algunos datos de contexto…

En primer lugar, la violencia de género no es un fenómeno chileno, sino que ocurre en todo el mundo. En lugares tan distintos como Corea del Sur, China, Italia, España las autoridades alertaron de un incremento radical de situaciones de violencia de género. El secretario general de la ONU e incluso el Papa han demostrado su preocupación.

En el caso latinoamericano, tenemos las siguientes cifras.

  • En Argentina, 18 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas en los primeros 20 días de cuarentena, que comenzó el 20 de marzo. Aumentaron las llamadas de auxilio en un 39%.
  • En México, más de 200 mujeres han sido asesinadas desde el 24 de marzo, entre las que se cuentan muchas menores de edad asesinadas por sus padrastros. Los llamados de auxilio aumentaron en un 60%.
  • En Brasil, durante los diez primeros días de cuarentena, las denuncias crecieron un 30%.
    América Latina en general, registró un aumento de 8% respecto al año anterior en cantidad de femicidios, según el Observatorio de Igualdad de Género de la Cepal.
  • En Colombia, desde el 1 de enero hasta el 19 de marzo, había un promedio diario de 54,27 llamadas por violencia de género. Desde el 20 de marzo hasta el 7 de abril, el promedio diario creció a 108,11 llamadas. Es decir, en menos de tres semanas se duplicó el número de llamadas con respecto a los tres meses anteriores.

La situación en Chile

  • Según información entregada por Carabineros, las llamadas al fono familia (149) han aumentado en un 12,3% respecto al mismo trimestre del año pasado.
  • El Ministerio de la Mujer reportó, durante marzo, un aumento del 40% en las llamadas recibidas por su fono de orientación (1455). Del mismo modo, durante abril reportó un 70% más de llamadas. El fin de semana antes de la cuarentena, se recibieron 532 llamados, mientras que en igual periodo, una semana después, la cifra ascendió a 907.
  • En la comuna de Providencia también existe un fono de ayuda municipal que reportó un aumento del 500% en llamadas recibidas en un período similar.
  • El Ministerio Público informó que, si bien las denuncias de violencia intrafamiliar han disminuido un 18% respecto a marzo pasado, las denuncias de femicidios crecieron un 200% respecto al mismo período

Nuestras entrevistadas señalan que sin ninguna duda la violencia de género no discrimina. No importa la clase social, raza, religión o tendencia política, toda mujer es una potencial víctima si se dan las condiciones para que se produzca la violencia. En ese sentido, la violencia intrafamiliar en cuarentena no es fenómeno nuevo, solo se agudizan las condiciones que permiten su expresión, es decir, más tiempo en casa, más carga de trabajo doméstico, hacinamiento familiar, etc. Tatiana y Viviana profundizan al respecto y señalan que es importante distinguir entre la producción de la violencia (conflictos que la detonan, peleas, estrés familiar) y la reproducción de la misma. Hay ciertas ideas, señalan ambas, que se sumergen a la violencia explícita y se manifiestan por debajo, de forma constante y silenciosa.

Yendo al origen: los roles y estereotipos de género

¿De dónde viene toda esta violencia? parte de la respuesta se encuentra en los roles de género. Estos son la idea socialmente compartida de que los hombres deben ser y actuar de cierto modo y las mujeres de otro. En general, ubican a los hombres haciéndose cargo de «lo público» y a las mujeres en «lo privado», en particular a cargo de las tareas de cuidado de la casa y los hijos. Salirse de ese marco implica una sanción social, que puede expresarse en discriminación, rechazo, o derechamente en violencia.

Como ejemplo, podemos pensar en la celebración del Día del Niño. La publicidad nos indica que el set de cocina rosado o la guagua de juguete es para las niñas y el balón de fútbol es para los niños. Espacio privado y espacio público, fomentados desde la infancia y reforzado durante toda la vida. Las mujeres deben ser suaves y cariñosas, los hombres, fuertes y valientes.

Y por si fuera poco, existen distintos tipos de violencia, a saber, la violencia económica (control sobre los ingresos familiares o prohibición de trabajo externo hacia las mujeres por parte del hombre), violencia sexual (violaciones, agresiones sexuales), violencia física (golpes, bofetadas), violencia psicológica (malos tratos, insultos, humillaciones), y violencia simbólica (obligación de cumplir los roles de género anteriormente mencionados), que se expresan en distintos niveles e intensidades. Por lo tanto, tristemente, el aumento de las cifras de llamadas y denuncias no pareciera ser sorprendente, sino más bien, la culminación lógica de una compleja maquinaria que produce y reproduce violencia hacia las mujeres.

¡Pero no, la violencia nunca debe ser naturalizada!

Algunas acciones contra la violencia de género

Mascarilla 19 La medida, que ha sido implementada con éxito en países como España y Argentina, consiste en que toda mujer se enfrenta a la violencia intrafamiliar, con solo decir la palabra clave: “mascarilla 19”, a personal farmacéutico éste sabrá inmediatamente que se trata de una situación de violencia. Entonces pedirá datos personales y luego llamarán al número 1455 (fono de orientación del Ministerio de la Mujer, donde la persona podrá ser contactada con expertos) y si es un caso más grave será contactada con el fono 149 de Carabineros. 

Ventanas Que Ayudan: Iniciativa de convergencia Social que consiste en poner en tu ventana carteles con números de ayuda.

#CuarentenaEnRed Campaña de Corporación Humanas que busca generar y afianzar redes comunitarias de mujeres y, a su vez, entregas herramientas y orientaciones a mujeres víctimas de violencia de género en confinamientos social.

#La Red chilena contra la violencia hacia las mujeres ha socializado distintas herramientas útiles para enfrentar la violencia de género (lista con información personal, tips de salida de emergencia, etc.) también está en creole

#EnRedNosCuidamos herramientas feministas para prevenir y enfrentar la violencia patriarcal en tiempos de distanciamiento social campaña de distintas organizaciones civiles: Red Chilena contra la violencia hacia las mujeres, Casa La Morada, Coordinadora feminista 8m, PsifemRM –red feminista de estudiantes y trabajadoras de la Psicología, Secretaria de Mujeres Inmigrantes, Negrocentrixs-Laboratorio Comunitario para Mujeres Negras y Afro descendientes, Yo cuido- asociación de cuidadoras de personas con diversidad funcional.

Fonos de denuncia

147      FONO INFANCIA

149      FONO FAMILIA EN CASO DE VIOLENCIA INTRAFAMILIAR (CARABINEROS)

133      EMERGENCIA (CARABINEROS)

134      EMERGENCIA PDI

1455    ORIENTACIÓN PARA CASOS DE VIOLENCIA DE GÉNERO (SERNAMEG) campaña “Que la

Violencia no se haga viral” del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género,

600 4000101    DENUNCIAS ANÓNIMAS PDI

800 4000 35     FONO ADULTO MAYOR

600 333 0000   PARA HACER SEGUIMIENTO DE UNA DENUNCIA (FISCALIA)

+56 9700 7000 #WhatsAppMujer (Minmujeryeg) víctima o testigo de violencia contra la mujer

Denuncias online

Organizaciones feministas a las que acudir para ayuda psicológica, legal u orientación:

NO EXISTEN ACTITUDES NEUTRALES FRENTE A LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES Y LAS NIÑAS! • Quienes no la repudian, la fomentan • Quienes no la denuncian, aumentan el riesgo de las víctimas • Quienes no la condenan, permiten la impunidad de quienes ejercen violencia.

Sobre exigidas, precarizadas, pero celebradas

Por Natassja de Mattos, Tatiana Rojas y 
Viviana Vicencio

“¡Siempre están ahí!” Eso dice un spot publicitario que invita a celebrar a las mamás este domingo 10 de mayo, agradeciendoles por su incondicionalidad, hoy más que nunca. En efecto, esta es una de las características del rol materno en nuestra sociedad y, si bien esto se justifica y sustenta en el “amor de madre”, este se ha vuelto una obligación y exigencia social que se traduce en responsabilidades y labores exclusivas que pueden producir agobio. Si a esto se agrega un sistema que vulnera los derechos de maternidad, restando y obstaculizando oportunidades laborales, un mercado del trabajo en que muchas mujeres acceden a empleos precarios o informales, y una pandemia, estamos frente a una situación compleja. 

Desde Communitas Consultora saludamos y celebramos a las mamás, pero creemos que dar las gracias, hacer regalos y darles un día, está muy por debajo de lo que efectivamente se nos debe a las mujeres en nuestro rol reproductivo, en nombre de la justicia, la igualdad, los derechos humanos, la dignidad y la libertad. 

El rol reproductivo es determinado por nuestro sexo y trae aparejada una función social, haciéndonos cargar con responsabilidades que no siempre tienen un correlato con las oportunidades que se nos brindan. Aunque no es el único rol que jugamos las mujeres, se nos reconoce especialmente por este, lo que se relaciona estrechamente con la división sexual del trabajo.

Hoy se nos imponen también desafíos formativos y laborales, lo que es una paradoja respecto a las condiciones que se dispone para conciliar trabajo y familia. En los casos en que se opta o se necesita compatibilizar ambas funciones el escenario es en su mayoría adverso, obligandonos a decidir entre quedarse en casa, tener hijxs o desarrollar carreras profesionales y buscar ascenso laboral. 

Entonces aparece la temida decisión de las mujeres, esa que nos pone en jaque y cuestiona, tildándonos de egoístas y anti natura cuando pensamos en no tener hijxs y llevar una vida que no lxs incluye, y también cuando lxs tenemos manteniendo una vida similar a la que teníamos antes de su llegada. Entonces nos preguntamos ¿es ser madre una decisión o una imposición? debate personal y, por supuesto, político. 

En efecto, el sistema patriarcal impone que las mujeres debemos ser madres y, con ello, se nos responsabiliza exclusivamente del cuidado de lxs hijxs y la familia, es decir confinadas al espacio privado y a cargo del trabajo reproductivo. Por otro lado, el espacio productivo es definido como eminentemente masculino, y por lo tanto organizado y estructurado para ellos y en torno a sus necesidades. 

Nuestra incorporación al mundo laboral hace evidentes las dificultades y obstáculos que se nos presentan para conciliar ambas funciones: maternidad y trabajo. Si bien se ha legislado en torno a derechos de maternidad y normas de protección a la familia, estos no funcionan como garantías y presentan deficiencias que vulneran a las mujeres embarazadas que trabajan y a sus hijxs. 

En concreto, hay una contradicción de base. La fuerza laboral femenina remunerada, es y siempre ha sido necesaria, sin embargo en el mundo del trabajo, las empresas cuestionan implícita o explícitamente los embarazos de sus trabajadoras, los permisos y derechos de maternidad cargan con sanciones tácitas por parte del empleador o de pares, el retorno después de un permiso por maternidad suele ser difícil y las condiciones de las empresas no suelen ser las adecuadas.

En innumerables casos hay antagonismo entre derechos de maternidad y la manutención de las familias. Por ejemplo, el pago de subsidios pre y postnatales, situación que se visibiliza en la precariedad laboral a la que están sometidas una gran cantidad de mujeres, ya que no todas las chilenas que trabajan tienen derecho a dicho subsidio. Si consideramos que la legislación vigente nos dice que hay derechos irrenunciables como los permisos de pre y postnatal ¿cómo una madre y su hijx puede vivir o sobrevivir sin el pago de este subsidio y obligada a dejar de trabajar? 

Cuando el trabajo es precario, con una remuneración baja y un contrato inestable, la mayoría de las veces las mujeres deben simplemente abandonarlo dedicándose 100% a la crianza. Esto altera las carreras y trayectorias laborales, lo que a la larga va siendo un círculo vicioso, pues cuando se busca un nuevo trabajo, el currículum o la experiencia es insuficiente. Como resultado, se perpetúa el lugar de muchas mujeres en el mundo privado. 

Es imperativo que el Estado garantice a todas las familias mantener sus ingresos durante el periodo prenatal y postnatal. Para ello se deben generar políticas de protección a la maternidad que actualicen normas y leyes, resguardando las condiciones laborales de las mujeres y asumiendo, la sociedad en su conjunto, el beneficio social del nacimiento de lxs hijxs. Se reduciría la carga de las madres y esto a su vez permitiría, probablemente, aumentar las tasas de fertilidad, considerando que el Índice de Fecundidad de 2017 fue de tan solo 1,68 (Dembowski, 2014).

Por otro lado, hoy la pandemia ha llevado a los gobiernos a implementar variadas medidas preventivas ante la amenaza por contagio de COVID-19, entre ellas las cuarentenas. El teletrabajo se volvió, en muchos casos, la forma de mantener los empleos y proteger a la población. Sin embargo, aquellas mujeres que acceden a trabajos informales o más precarizados en que el teletrabajo no es una posibilidad, el contexto se traduce en desempleo o en la obligación de exponerse al contagio para mantener ingresos. Estas mujeres, cuando además son madres, se ven en una situación difícil, pues las instituciones de educación y cuidado, en su mayoría, se encuentran cerradas o en receso. En tales casos se ven en la obligación de quedarse al cuidado de lxs hijxs, teniendo que ausentarse del trabajo, sumándose carga a las labores diarias, o teniendo que buscar ayuda de cuidado entre sus redes cercanas, que en general son otras mujeres. 

En el caso de las mujeres madres que pueden optar al teletrabajo también hay problemas. La cuarentena aumentó e intensificó las labores, presiones y exigencias, la mimetización del espacio doméstico con el de trabajo es una carga mayor para las mujeres, especialmente las madres. Si bien en el status quo pre pandemia ya hablábamos de dobles y triples jornadas de trabajo, ahora aumentaron y se han hecho más evidentes. Los límites horarios y espaciales del trabajo se pusieron borrosos, generando estrés y sobre exigencia; las vacaciones adelantadas, recesos extraordinarios y educación a distancia obligan a lxs hijxs a quedarse en casa, llevando a las madres, en la mayoría de los casos, a ser quien cuida, cría, acompaña y además educa; la dedicación al trabajo doméstico no remunerado y los cuidados dejó de tener un horario definido y se amplificó a todo horario; entre otros. 

En la 9º Encuesta de La Rebelión del Cuerpo sobre Maternidad y Estereotipos, más de la mitad de las mamás que la respondieron dijeron que se han sentido presionadas por lo que se espera de ellas durante la cuarentena. En esto también inciden los espacios de esparcimiento, como son las redes sociales, pues el inicio de las cuarentenas produjo una masiva producción de propuestas, sugerencias y ofertas destinadas a ocupar, de la manera “más saludable” y productiva posible, el supuesto tiempo extra que nos traía quedarnos en casa. Son presiones y exigencias, disfrazadas de ideas y desafíos, que aquejan sobre todo a mujeres y madres en esta crisis. 

 En las últimas semanas, mientras se acercaba el 10 de mayo, se ha hecho eco de las dificultades de las madres en este contexto de crisis, problematizando su lugar y condiciones de vida en la sociedad. Esto no impidió la contradicción de que diferentes medios publicaran el martirio que están viviendo muchas mamás al mismo tiempo que comenzaban las ofertas y la publicidad por el día de las madres, en la mayoría de los casos endiosándolas por su incondicionalidad. 

Claro que hay que celebrar el Día de la Madre, pero no sin tomar consciencia de las dificultades, vulneraciones y paradojas producidas por la violencia sistémica de género en sus distintas formas. Tampoco sin problematizar la imposición social del rol reproductivo y las responsabilidades que se le asocian, ni olvidándonos de avanzar en corresponsabilidad, en garantías de derechos de maternidad y la actualización de estos mismos. No sin alivianar las presiones y sobre exigencias sociales que se nos imponen. Menos sin seguir luchando por la autonomía de decidir sobre nuestros cuerpos porque “la maternidad será deseada o no será”.

 

*Ilustración de Maya Ish-Shalom, en Bobrow, E. (2020). How single mothers in New York city are coping with quarantine. The New Yorker. [En: https://bit.ly/3borOa6, visitado el 11 de mayo de 2020 a las 09:46]
*Dembowski, N. (2014). ¿Derecho a la maternidad en Chile? Sólo para algunas. CIPER. [En: https://bit.ly/2LipS8j, visitado el 11 de mayo de 2020 a las 09:46]