Entender la Violencia de Género en Momentos de Crisis

Por Emilia Ríos Saavedra

Publicado originalmente en: emiliarios.cl/entender-la-violencia-de-genero-en-momentos-de-crisis/

Hace un tiempo, visitamos el Departamento de la Mujer de Ñuñoa para conocer cómo está funcionando y tener mejor idea de cómo podemos mejorarlo. Una de las conclusiones de esa visita, es que los recursos son pocos para la demanda de las mujeres de la comunidad. Hoy, en tiempos de pandemia, cuarentenas y distanciamiento social, la violencia contra la mujer vuelve a estar al centro.

A muchas mujeres, la cuarentena las obliga a estar permanentemente con sus agresores y las probabilidades de ser víctimas de violencia de género aumentan.  Si antes el trabajo, los niños, y las actividades cotidianas permitían aliviar la tensión familiar, hoy esa realidad parece lejana. Si además y tomamos en cuenta el débil trato a la salud mental,  la cesantía que aumenta y la recesión económica como factores que incrementan el estrés y conflictos familiares, el panorama no resulta muy alentador.

No obstante, existen diversas formas de combatir la violencia de género incluso en estos tiempos, y es más urgente que nunca estar informado al respecto. Para ello, en el segundo capítulo de Emilia (no) lo Explica Todo, conversamos con dos expertas en la materia, Tatiana Rojas y Viviana Vicencio. Fundadoras de la consultora Communitas , llevan años trabajando temas de género, feminismos y sexualidad.

Acá te resumimos lo más importante de esta conversación y te compartimos datos sobre iniciativas de la sociedad civil contra la violencia de género y números donde denunciar.

Algunos datos de contexto…

En primer lugar, la violencia de género no es un fenómeno chileno, sino que ocurre en todo el mundo. En lugares tan distintos como Corea del Sur, China, Italia, España las autoridades alertaron de un incremento radical de situaciones de violencia de género. El secretario general de la ONU e incluso el Papa han demostrado su preocupación.

En el caso latinoamericano, tenemos las siguientes cifras.

  • En Argentina, 18 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas en los primeros 20 días de cuarentena, que comenzó el 20 de marzo. Aumentaron las llamadas de auxilio en un 39%.
  • En México, más de 200 mujeres han sido asesinadas desde el 24 de marzo, entre las que se cuentan muchas menores de edad asesinadas por sus padrastros. Los llamados de auxilio aumentaron en un 60%.
  • En Brasil, durante los diez primeros días de cuarentena, las denuncias crecieron un 30%.
    América Latina en general, registró un aumento de 8% respecto al año anterior en cantidad de femicidios, según el Observatorio de Igualdad de Género de la Cepal.
  • En Colombia, desde el 1 de enero hasta el 19 de marzo, había un promedio diario de 54,27 llamadas por violencia de género. Desde el 20 de marzo hasta el 7 de abril, el promedio diario creció a 108,11 llamadas. Es decir, en menos de tres semanas se duplicó el número de llamadas con respecto a los tres meses anteriores.

La situación en Chile

  • Según información entregada por Carabineros, las llamadas al fono familia (149) han aumentado en un 12,3% respecto al mismo trimestre del año pasado.
  • El Ministerio de la Mujer reportó, durante marzo, un aumento del 40% en las llamadas recibidas por su fono de orientación (1455). Del mismo modo, durante abril reportó un 70% más de llamadas. El fin de semana antes de la cuarentena, se recibieron 532 llamados, mientras que en igual periodo, una semana después, la cifra ascendió a 907.
  • En la comuna de Providencia también existe un fono de ayuda municipal que reportó un aumento del 500% en llamadas recibidas en un período similar.
  • El Ministerio Público informó que, si bien las denuncias de violencia intrafamiliar han disminuido un 18% respecto a marzo pasado, las denuncias de femicidios crecieron un 200% respecto al mismo período

Nuestras entrevistadas señalan que sin ninguna duda la violencia de género no discrimina. No importa la clase social, raza, religión o tendencia política, toda mujer es una potencial víctima si se dan las condiciones para que se produzca la violencia. En ese sentido, la violencia intrafamiliar en cuarentena no es fenómeno nuevo, solo se agudizan las condiciones que permiten su expresión, es decir, más tiempo en casa, más carga de trabajo doméstico, hacinamiento familiar, etc. Tatiana y Viviana profundizan al respecto y señalan que es importante distinguir entre la producción de la violencia (conflictos que la detonan, peleas, estrés familiar) y la reproducción de la misma. Hay ciertas ideas, señalan ambas, que se sumergen a la violencia explícita y se manifiestan por debajo, de forma constante y silenciosa.

Yendo al origen: los roles y estereotipos de género

¿De dónde viene toda esta violencia? parte de la respuesta se encuentra en los roles de género. Estos son la idea socialmente compartida de que los hombres deben ser y actuar de cierto modo y las mujeres de otro. En general, ubican a los hombres haciéndose cargo de «lo público» y a las mujeres en «lo privado», en particular a cargo de las tareas de cuidado de la casa y los hijos. Salirse de ese marco implica una sanción social, que puede expresarse en discriminación, rechazo, o derechamente en violencia.

Como ejemplo, podemos pensar en la celebración del Día del Niño. La publicidad nos indica que el set de cocina rosado o la guagua de juguete es para las niñas y el balón de fútbol es para los niños. Espacio privado y espacio público, fomentados desde la infancia y reforzado durante toda la vida. Las mujeres deben ser suaves y cariñosas, los hombres, fuertes y valientes.

Y por si fuera poco, existen distintos tipos de violencia, a saber, la violencia económica (control sobre los ingresos familiares o prohibición de trabajo externo hacia las mujeres por parte del hombre), violencia sexual (violaciones, agresiones sexuales), violencia física (golpes, bofetadas), violencia psicológica (malos tratos, insultos, humillaciones), y violencia simbólica (obligación de cumplir los roles de género anteriormente mencionados), que se expresan en distintos niveles e intensidades. Por lo tanto, tristemente, el aumento de las cifras de llamadas y denuncias no pareciera ser sorprendente, sino más bien, la culminación lógica de una compleja maquinaria que produce y reproduce violencia hacia las mujeres.

¡Pero no, la violencia nunca debe ser naturalizada!

Algunas acciones contra la violencia de género

Mascarilla 19 La medida, que ha sido implementada con éxito en países como España y Argentina, consiste en que toda mujer se enfrenta a la violencia intrafamiliar, con solo decir la palabra clave: “mascarilla 19”, a personal farmacéutico éste sabrá inmediatamente que se trata de una situación de violencia. Entonces pedirá datos personales y luego llamarán al número 1455 (fono de orientación del Ministerio de la Mujer, donde la persona podrá ser contactada con expertos) y si es un caso más grave será contactada con el fono 149 de Carabineros. 

Ventanas Que Ayudan: Iniciativa de convergencia Social que consiste en poner en tu ventana carteles con números de ayuda.

#CuarentenaEnRed Campaña de Corporación Humanas que busca generar y afianzar redes comunitarias de mujeres y, a su vez, entregas herramientas y orientaciones a mujeres víctimas de violencia de género en confinamientos social.

#La Red chilena contra la violencia hacia las mujeres ha socializado distintas herramientas útiles para enfrentar la violencia de género (lista con información personal, tips de salida de emergencia, etc.) también está en creole

#EnRedNosCuidamos herramientas feministas para prevenir y enfrentar la violencia patriarcal en tiempos de distanciamiento social campaña de distintas organizaciones civiles: Red Chilena contra la violencia hacia las mujeres, Casa La Morada, Coordinadora feminista 8m, PsifemRM –red feminista de estudiantes y trabajadoras de la Psicología, Secretaria de Mujeres Inmigrantes, Negrocentrixs-Laboratorio Comunitario para Mujeres Negras y Afro descendientes, Yo cuido- asociación de cuidadoras de personas con diversidad funcional.

Fonos de denuncia

147      FONO INFANCIA

149      FONO FAMILIA EN CASO DE VIOLENCIA INTRAFAMILIAR (CARABINEROS)

133      EMERGENCIA (CARABINEROS)

134      EMERGENCIA PDI

1455    ORIENTACIÓN PARA CASOS DE VIOLENCIA DE GÉNERO (SERNAMEG) campaña “Que la

Violencia no se haga viral” del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género,

600 4000101    DENUNCIAS ANÓNIMAS PDI

800 4000 35     FONO ADULTO MAYOR

600 333 0000   PARA HACER SEGUIMIENTO DE UNA DENUNCIA (FISCALIA)

+56 9700 7000 #WhatsAppMujer (Minmujeryeg) víctima o testigo de violencia contra la mujer

Denuncias online

Organizaciones feministas a las que acudir para ayuda psicológica, legal u orientación:

NO EXISTEN ACTITUDES NEUTRALES FRENTE A LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES Y LAS NIÑAS! • Quienes no la repudian, la fomentan • Quienes no la denuncian, aumentan el riesgo de las víctimas • Quienes no la condenan, permiten la impunidad de quienes ejercen violencia.

Sobre exigidas, precarizadas, pero celebradas

Por Natassja de Mattos, Tatiana Rojas y 
Viviana Vicencio

“¡Siempre están ahí!” Eso dice un spot publicitario que invita a celebrar a las mamás este domingo 10 de mayo, agradeciendoles por su incondicionalidad, hoy más que nunca. En efecto, esta es una de las características del rol materno en nuestra sociedad y, si bien esto se justifica y sustenta en el “amor de madre”, este se ha vuelto una obligación y exigencia social que se traduce en responsabilidades y labores exclusivas que pueden producir agobio. Si a esto se agrega un sistema que vulnera los derechos de maternidad, restando y obstaculizando oportunidades laborales, un mercado del trabajo en que muchas mujeres acceden a empleos precarios o informales, y una pandemia, estamos frente a una situación compleja. 

Desde Communitas Consultora saludamos y celebramos a las mamás, pero creemos que dar las gracias, hacer regalos y darles un día, está muy por debajo de lo que efectivamente se nos debe a las mujeres en nuestro rol reproductivo, en nombre de la justicia, la igualdad, los derechos humanos, la dignidad y la libertad. 

El rol reproductivo es determinado por nuestro sexo y trae aparejada una función social, haciéndonos cargar con responsabilidades que no siempre tienen un correlato con las oportunidades que se nos brindan. Aunque no es el único rol que jugamos las mujeres, se nos reconoce especialmente por este, lo que se relaciona estrechamente con la división sexual del trabajo.

Hoy se nos imponen también desafíos formativos y laborales, lo que es una paradoja respecto a las condiciones que se dispone para conciliar trabajo y familia. En los casos en que se opta o se necesita compatibilizar ambas funciones el escenario es en su mayoría adverso, obligandonos a decidir entre quedarse en casa, tener hijxs o desarrollar carreras profesionales y buscar ascenso laboral. 

Entonces aparece la temida decisión de las mujeres, esa que nos pone en jaque y cuestiona, tildándonos de egoístas y anti natura cuando pensamos en no tener hijxs y llevar una vida que no lxs incluye, y también cuando lxs tenemos manteniendo una vida similar a la que teníamos antes de su llegada. Entonces nos preguntamos ¿es ser madre una decisión o una imposición? debate personal y, por supuesto, político. 

En efecto, el sistema patriarcal impone que las mujeres debemos ser madres y, con ello, se nos responsabiliza exclusivamente del cuidado de lxs hijxs y la familia, es decir confinadas al espacio privado y a cargo del trabajo reproductivo. Por otro lado, el espacio productivo es definido como eminentemente masculino, y por lo tanto organizado y estructurado para ellos y en torno a sus necesidades. 

Nuestra incorporación al mundo laboral hace evidentes las dificultades y obstáculos que se nos presentan para conciliar ambas funciones: maternidad y trabajo. Si bien se ha legislado en torno a derechos de maternidad y normas de protección a la familia, estos no funcionan como garantías y presentan deficiencias que vulneran a las mujeres embarazadas que trabajan y a sus hijxs. 

En concreto, hay una contradicción de base. La fuerza laboral femenina remunerada, es y siempre ha sido necesaria, sin embargo en el mundo del trabajo, las empresas cuestionan implícita o explícitamente los embarazos de sus trabajadoras, los permisos y derechos de maternidad cargan con sanciones tácitas por parte del empleador o de pares, el retorno después de un permiso por maternidad suele ser difícil y las condiciones de las empresas no suelen ser las adecuadas.

En innumerables casos hay antagonismo entre derechos de maternidad y la manutención de las familias. Por ejemplo, el pago de subsidios pre y postnatales, situación que se visibiliza en la precariedad laboral a la que están sometidas una gran cantidad de mujeres, ya que no todas las chilenas que trabajan tienen derecho a dicho subsidio. Si consideramos que la legislación vigente nos dice que hay derechos irrenunciables como los permisos de pre y postnatal ¿cómo una madre y su hijx puede vivir o sobrevivir sin el pago de este subsidio y obligada a dejar de trabajar? 

Cuando el trabajo es precario, con una remuneración baja y un contrato inestable, la mayoría de las veces las mujeres deben simplemente abandonarlo dedicándose 100% a la crianza. Esto altera las carreras y trayectorias laborales, lo que a la larga va siendo un círculo vicioso, pues cuando se busca un nuevo trabajo, el currículum o la experiencia es insuficiente. Como resultado, se perpetúa el lugar de muchas mujeres en el mundo privado. 

Es imperativo que el Estado garantice a todas las familias mantener sus ingresos durante el periodo prenatal y postnatal. Para ello se deben generar políticas de protección a la maternidad que actualicen normas y leyes, resguardando las condiciones laborales de las mujeres y asumiendo, la sociedad en su conjunto, el beneficio social del nacimiento de lxs hijxs. Se reduciría la carga de las madres y esto a su vez permitiría, probablemente, aumentar las tasas de fertilidad, considerando que el Índice de Fecundidad de 2017 fue de tan solo 1,68 (Dembowski, 2014).

Por otro lado, hoy la pandemia ha llevado a los gobiernos a implementar variadas medidas preventivas ante la amenaza por contagio de COVID-19, entre ellas las cuarentenas. El teletrabajo se volvió, en muchos casos, la forma de mantener los empleos y proteger a la población. Sin embargo, aquellas mujeres que acceden a trabajos informales o más precarizados en que el teletrabajo no es una posibilidad, el contexto se traduce en desempleo o en la obligación de exponerse al contagio para mantener ingresos. Estas mujeres, cuando además son madres, se ven en una situación difícil, pues las instituciones de educación y cuidado, en su mayoría, se encuentran cerradas o en receso. En tales casos se ven en la obligación de quedarse al cuidado de lxs hijxs, teniendo que ausentarse del trabajo, sumándose carga a las labores diarias, o teniendo que buscar ayuda de cuidado entre sus redes cercanas, que en general son otras mujeres. 

En el caso de las mujeres madres que pueden optar al teletrabajo también hay problemas. La cuarentena aumentó e intensificó las labores, presiones y exigencias, la mimetización del espacio doméstico con el de trabajo es una carga mayor para las mujeres, especialmente las madres. Si bien en el status quo pre pandemia ya hablábamos de dobles y triples jornadas de trabajo, ahora aumentaron y se han hecho más evidentes. Los límites horarios y espaciales del trabajo se pusieron borrosos, generando estrés y sobre exigencia; las vacaciones adelantadas, recesos extraordinarios y educación a distancia obligan a lxs hijxs a quedarse en casa, llevando a las madres, en la mayoría de los casos, a ser quien cuida, cría, acompaña y además educa; la dedicación al trabajo doméstico no remunerado y los cuidados dejó de tener un horario definido y se amplificó a todo horario; entre otros. 

En la 9º Encuesta de La Rebelión del Cuerpo sobre Maternidad y Estereotipos, más de la mitad de las mamás que la respondieron dijeron que se han sentido presionadas por lo que se espera de ellas durante la cuarentena. En esto también inciden los espacios de esparcimiento, como son las redes sociales, pues el inicio de las cuarentenas produjo una masiva producción de propuestas, sugerencias y ofertas destinadas a ocupar, de la manera “más saludable” y productiva posible, el supuesto tiempo extra que nos traía quedarnos en casa. Son presiones y exigencias, disfrazadas de ideas y desafíos, que aquejan sobre todo a mujeres y madres en esta crisis. 

 En las últimas semanas, mientras se acercaba el 10 de mayo, se ha hecho eco de las dificultades de las madres en este contexto de crisis, problematizando su lugar y condiciones de vida en la sociedad. Esto no impidió la contradicción de que diferentes medios publicaran el martirio que están viviendo muchas mamás al mismo tiempo que comenzaban las ofertas y la publicidad por el día de las madres, en la mayoría de los casos endiosándolas por su incondicionalidad. 

Claro que hay que celebrar el Día de la Madre, pero no sin tomar consciencia de las dificultades, vulneraciones y paradojas producidas por la violencia sistémica de género en sus distintas formas. Tampoco sin problematizar la imposición social del rol reproductivo y las responsabilidades que se le asocian, ni olvidándonos de avanzar en corresponsabilidad, en garantías de derechos de maternidad y la actualización de estos mismos. No sin alivianar las presiones y sobre exigencias sociales que se nos imponen. Menos sin seguir luchando por la autonomía de decidir sobre nuestros cuerpos porque “la maternidad será deseada o no será”.

 

*Ilustración de Maya Ish-Shalom, en Bobrow, E. (2020). How single mothers in New York city are coping with quarantine. The New Yorker. [En: https://bit.ly/3borOa6, visitado el 11 de mayo de 2020 a las 09:46]
*Dembowski, N. (2014). ¿Derecho a la maternidad en Chile? Sólo para algunas. CIPER. [En: https://bit.ly/2LipS8j, visitado el 11 de mayo de 2020 a las 09:46]

Chile despertó

Por Natassja de Mattos

Creíamos que era difícil despertar a Chile.

En 30 años logramos hazañas notables: en 2006 fue Revolución Pingüina, en 2011 el Movimiento Estudiantil, en 2012 el movimiento de Aysén y este año, 2019, la histórica marcha nacional por el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Pero en octubre desbordamos lo posible. Para el viernes 25 espontáneamente se convocó a #LaMarchaMásGrandeDeChile y, frente a nuestros ojos perplejos, fue así.

Vivíamos enredados en las discusiones de la decepción. Hacíamos catastros y diagnósticos en que sabíamos del abuso, pero nos invadía la impotencia del “nadie hace nada”. Pensábamos que las chilenas y chilenos preferían quedarse cómodamente mirando cómo nos desmantelaban los sueños y pavimentaban la desigualdad social. Estuvimos todo este tiempo de acuerdo en que el sentimiento era terrible y nos consolábamos con salvavidas mediocres, diciendo, por ejemplo, que teníamos realmente muy pocas herramientas a la mano para cambiar algo. Con resignación nos disponíamos a seguir adelante, siempre con algún sofocado grito en la garganta, “¡Que se acabe Chile!”, “¡Que arda todo!”.

El viernes 18 de octubre por la noche quisimos llorar y reír. Estaba pasando, estaba ardiendo todo. Nos aquejaba la quietud, la perplejidad y la emoción, escuchábamos a Piñera o a Chadwick, nos bombardeaban de registros con rojo fuego, una estación de metro, un edificio… Tocamos cacerolas sintiendo que no servía de mucho, pero lo hicimos. Escuchamos decretarse Estado de Excepción y nos miramos en silencio, incrédulas, incrédulos. Vimos con amargura a los milicos tomarse las calles de nuestra ciudad y vimos caer el primer toque de queda desde la dictadura militar.

Así transcurrió una semana. Entre la realidad y la ficción, entre la historia y el relato.

El sábado 26 de octubre despertamos en un Chile donde “todos hemos cambiado”, como dijo Piñera en su cuenta de Twitter después de ver, quizás desde dónde, que la noche anterior Santiago estuvo de punta a punta, de ciudadana a ciudadano. Ocupamos la calle desde Manuel Montt hasta el Palacio de La Moneda y más. Minuto a minuto la cifra se inflaba hasta que pudimos decir, con ojos rojos, llorosos e inflamados, “Cabras, somos más de un millón de personas”.

De todas las consignas, la más verdadera sigue siendo “Chile despertó”. Después de 30 años de ver cómo nos pasaba la vida por encima en un sueño casi lúcido, un día nos topamos con la última risa. Una nueva forma de estructurar la tarifa de la Red de Transporte Público Metropolitano, significando un aumento en los pasajes. Por suerte el sueño no era tan pesado en las y los estudiantes, quienes bien pensaron “el que ríe último ríe mejor” en forma de evasión masiva. Una vez más nos daban cátedra y nos despertaron, al fin, a todas y todos.

El alza de las tarifas no es el problema, sí lo era el gesto: Si podemos distinguirlos entre quienes pueden pagar una ISAPRE a precios altísimos y quienes no; si podemos tomar el dinero que ganan con su propio esfuerzo y hacer lo que queramos con él para luego devolverlo sin dignidad; si podemos hacerlos pagar durante todas sus vidas por recibir educación; si podemos contaminarlo todo para producir más; si podemos dejar que el costo de la vida sea abordable solo para algunas personas; si podemos hacerlos trabajar 45 horas semanales por un sueldo que hace que no valga la pena vivir; podemos también, sin duda, cobrarles más por los pasajes. Si no hacen mucho por todo lo anterior, qué tanto podrían hacer por algunos pesos más en transporte.

Y es que “colmar la paciencia” es un punto de no retorno. No importan las reformas anunciadas el miércoles 23 de octubre por el Presidente Piñera. Porque no basta con eso. Porque ya entendimos el problema y vemos con claridad que un subsidio estatal en nuestras pensiones o sueldos -que además no proviene de una reforma tributaria o la nacionalización de nuestros propios recursos- no es suficiente ni se acerca a serlo.

Creíamos que era difícil despertar a Chile y ahora espero que nos parezca difícil volver a dormir. Nos indigna cada vez que desde el gobierno hablan de volver a la normalidad y depende de nosotros que eso no pase hasta que logremos un cambio estructural, que no es otra cosa que una nueva Constitución para el pueblo de Chile. Una que nos de la dignidad que nos merecemos y de una vez por todas se termine la dolorosa herencia de la dictadura militar. Que nos ayude a no volver a ser suspicaces cuando hablamos de nuestra democracia y logremos que finalmente llegue la alegría que se nos prometió hace 30 años. Nos vemos este viernes 8 de noviembre en Plaza Italia. ¡No bajemos los brazos! ¡Arriba las y los que luchan!

Bolsa de Género, “el juego de género”

El proyecto se encuentra en la plataforma de crowdfunding Idea.me http://www.idea.me/bolsadegenero, en la que esperamos juntar el monto requerido para producir el juego.

Estamos convencidas de que es posible construir un mundo diverso, inclusivo, tolerante, libre e igualitario. Queremos contribuir en la erradicación de la violencia, la discriminación, la exclusión, la opresión y las injusticias que el patriarcado produce y reproduce. Creemos que es posible avanzar hacia una sociedad menos machista y consideramos que un cambio cultural tan profundo parte con educación, ya sea informal, no formal o formal.

Por eso creamos Bolsa de Género, “el juego de género”, una trivia de preguntas y respuestas sobre género, feminismos y sexualidades que consiste en dos soportes, un tablero impreso en la Bolsa de Género y una plataforma web que contiene preguntas y respuestas.

El tablero tiene dos extremos, una distopía que es un mundo en el que retrocederíamos en términos de diversidad, igualdad, equidad e inclusión, en el que quedaríamos como en “El cuento de la criada” de Margaret Atwood, en que las mujeres quedarían reducidas a su capacidad reproductiva y se volverían ciudadanas de segunda clase o casi esclavas. La idea del juego es ir avanzado hacia la utopía, que es donde queremos llegar. Un lugar de igualdad, equidad, aceptación, ese al que llegaríamos mediante el feminismo, ese mundo por el que hoy luchamos, marchamos y por el que trabajamos. Es un material educativo, es para aprender jugando y empujar ese cambio cultural.

La idea partió hace más de un año. Desde el comienzo fue una trivia educativa sobre género, feminismos y sexualidades, originalmente se trataba de cartas, tres mazos, uno por categoría temática. Sin embargo, este cambió luego de testear con diferentes grupos de personas, surgiendo la necesidad de innovar aún más, tanto en jugabilidad como en soportes.

Para hacerlo más lúdico nació el tablero y considerando la influencia de las TICs  en la educación informal surgió la idea de la plataforma web. Finalmente, para hacerlo más llamativo y creativo usamos el concepto de la Bolsa de Género, donde la bolsa es a la vez el tablero. En un momento que urgen estrategias sustentables, la positiva popularidad de las bolsas reutilizables nos dio esta idea, lo que se potencia con el soporte web, pues se elimina toda impresión en papel.

Si bien todo esto es importante, cuando pensamos en todo el tiempo que hemos invertido en este inédito proyecto, nos referimos principalmente a la investigación que realizamos para redactar las más de 150 preguntas y respuestas con que cuenta el juego. Las fuentes, bibliografía y referencias fueron de relevancia prioritaria en el diseño de Bolsa de Género.

Trae seis botones a modo de fichas, pero la cantidad de jugadores es flexible porque puedes jugar en equipos. Está destinado a adolescentes, jóvenes y adultos, y se imprimirá una edición limitada de las bolsas con tablero en el reverso ($6.000). Pero como el propósito no es lucrar sino educar y del modo más masivo posible, el tablero se encontrará liberado para descarga en la página web para que se pueda acceder desde cualquier lugar.

Bolsa de Género es hoy un prototipo, una idea y un diseño, y es por esto que se encuentra ingresada como proyecto en Idea.me, plataforma latinoamericana de crowdfunding, con la que esperamos juntar los fondos necesarios para su realización (para ver el proyecto ingresa a: http://www.idea.me/bolsadegenero).

A la fecha, hemos realizado conversatorios sobre feminismos y género y asesorías para aprender a identificar y prevenir violencia de género, por ejemplo, mediante contenidos y herramientas de recogida de datos.

Nosotras en general ponemos conceptos, ideas y teorías al servicio de las personas. Las instituciones, grupos y espacios con lo que hemos trabajado,  quieren ser más inclusivos, visibilizar problemáticas de este tipo o generar protocolos de convivencia en torno a género, pero buscan el detalle conceptual o la profundidad teórica para hacerlo. Nosotras ofrecemos ayuda y asesoría para que concreten sus proyectos.

En el futuro, proyectamos seguir creando material didáctico y herramientas lúdicas conforme al mundo en que vivimos. Ya estamos pensando en nuevas ideas y así, si todo resulta con Bolsa de Género, lanzar nuevos proyectos TIC para educar jugando en nuestros temas de especialidad.

Crear Bolsa de Género ha sido muy bonito, hemos podido vincularnos con otras personas, de otras profesiones, que quieren construir el mismo mundo que nosotras. Esto reúne el sentido de lo que hacemos y se relaciona con el nombre de nuestra consultora, “communitas”, definición que hemos reinterpretado para hacer referencia a un instante no planeado en que desaparece toda la desigualdad. Significa que sin haber sido previsto de ninguna manera, se genera un espacio simbólico que reúne a personas que trabajan por un objetivo común, sin ninguna jerarquía de por medio, generando una convergencia, política en este caso, donde codo a codo queremos avanzar en la construcción de una mejor sociedad.

Este 8 de marzo: La Rebelión del Cuerpo como Acontecimiento

Por Natassja de Mattos

Cada 8 de marzo toca una reflexión de un tono particular. Cada 8 de marzo se piensa a las mujeres, se piensa lo femenino y, en la mayoría, se despierta un feminismo, algún feminismo. Es casi imposible quedar indiferente, a pesar de que el capitalismo inventó una forma de indiferencia disfrazada de congratulación. Rosas rojas con tarjeta de feliz día. ¿Feliz día? Que ingeniosos que son, ¿ah?

Lograron convertir un día de terror, abuso y muerte en un día en que todes se dan palmaditas en la espalda diciendo feliz día a todas “sus” mujeres, se les reconoce y da regalos (profundamente sexistas, como flores, joyas, prendas de vestir y un sinfín de posibilidades de servicios o productos de “beauty care”).

Si bien a algunes de nosotres ya nos parece de perogrullo repasar por qué el 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer, creo que por el bien de otres, se hace un aporte al repetirlo cuántas veces sea necesario y recordar que no hay nada que celebrar, que es un día de homenaje y memoria, un día para alzar la voz y justificar una lucha que no acaba.

En este día también me parece importante hacer retrospectivas y rearticulaciones de lucha.

En ese ejercicio se me apareció con potencia algo muy personal. Tan personal que, el 8 de marzo pasado me hubiera parecido que no quedaba del todo bien hacerlo público. Ahora pienso radicalmente distinto, justamente porque aquello muy personal que me pasó este último año fue que, después de mucho, entendí por primera vez qué significa realmente “lo personal es político”.

Ese momento fue un acontecimiento en el horizonte del ser. Fue una transformación absoluta y sin retorno que cambió mi vida para siempre (a lo Badiou, 2004).

Es curioso que de tanto usar y repetir algo, se crea tenerlo entendido y dominado. Yo llevaba años usando esa frase y creyendo que tenía clarísimo lo que estaba diciendo. Conocía su contexto, su origen, sus autoras… Recuerdo muy bien cómo creí entenderlo la primera vez.

No es fácil adjudicar este eslogana alguien en particular. Fue un grito de lucha, fue una consigna, fue colectivo. Creo que lo más justo es hablar de una co-construcción de esta noción por feministas de los 60 que aportaron a la construcción del feminismo radical en Estados Unidos. Es muy probable encontrarlo directa o indirectamente en textos de Germaine Greer, Kate Millet y otras. Pero yo lo entendí (o creí entenderlo) gracias a Chantal Mouffe, cuando hace su distinción entre “la política” y “lo político”. Les que saben de qué hablo comprenderán entonces que lo entendí un poco mal.

Para no entrar en detalles, Mouffe (2007) planteó que “lo político” es una característica inalienable de les seres humanes. Les es natural e intrínseco, es decir, es una característica de nivel ontológico. Esto es: el antagonismo y el reconocimiento (normalmente hostil) de la otredad. Esto asume una naturaleza conflictiva que precisa de deliberación, de diálogo, de acuerdo y concertación. Todo esto en tanto que “la política” es, en cambio, como lo que Kafka decía de las oficinas, una mera estructura de ficción que permite sustentar una idea inventada por les seres humanes. “La política” para Mouffe (2007) son las instituciones, los gobiernos, las oficinas municipales, las constituciones y así.

A la base de comprender “lo político” como lo concibe Mouffe (2007), está la idea de las hegemonías y del ejercicio de un poder que produce distinciones (a lo Ranciare, 1996). Entonces, entendí “lo personal es político” en tanto un grito por exclusión, un reconocimiento de antagonismo producido por la reducción de la agencia femenina a ciertas tareas, su imposibilidad de acceder a otras y la falta de reconocimiento y legitimidad de aquellas tareas que sí les eran dadas de manera casi exclusiva.

Entendí “lo personal” como la condición de las mujeres relegadas al mundo privado y, la declaración de “es político”, como un llamado a reconocer aquel espacio privado como uno de labor tan importante como el público, y además como una exigencia a poder habitar ambos espacios por igual. El yo y la otredad. Una consigna del “yo”: quienes “no tienen parte” y exigen tenerla. Una búsqueda por inclusión sin necesariamente tener que mutar su actividad, pero teniendo la posibilidad de hacerlo, de poder acceder a lo que corresponde a la “otredad”.

Esa fue mi primera comprensión del asunto. Luego vino lo que vino, lo que aquí realmente quiero contar.

Todo partió con #La Rebelión del Cuerpo, y específicamente en el Primer Encuentro Sororo que realizaron en Santiago (aquí me detengo a agradecerles desde lo más profundo de mi cuerpo y alma http://larebeliondelcuerpo.org). Fue ahí, en ese encuentro, donde tuve mi acontecimiento. Y donde supongo y espero que las otras tantas mujeres que había a mi alrededor hayan tenido el suyo o lo hayan traído ya instalado de antes gracias a esta rebelión o alguna otra.

Ahora cuando lo pienso, me parece casi ridículo. No haberlo visto antes.

Toda mi vida nos vi haciendo dietas, algunas muy radicales, algunas muy contra intuitivas, algunas muy desquiciadas… Nos vi cambiando de actividad física de manera frenética como si se tratase de la búsqueda del antídoto contra el cáncer… Nos vi cambiar la forma de nuestros cuerpos de maneras radicales. Nos vi comprando productos con precios irrisorios porque venden alguna promesa de belleza o delgadez. Nos vi contando horas para saber cuándo debíamos comer. Nos vi contando las calorías de lo que comemos. Y un centenar de veces nos vi no comiendo ciertos tipos de cosas a partir de alguna norma no tan sensata. Esto no es todo, es solo una breve lista que intenta retratar la situación.

Y sin embargo, a pesar de todo ese esfuerzo, nos vi sufrir o estar irritadas a casi todas por no tener el cuerpo que queremos/queríamos. Pero no me había dado cuenta de lo que realmente significaba todo eso, de dónde venía todo eso.

Yo recuerdo la primera vez que me hice consciente de este fenómeno. Tenía aproximadamente 10 años. Una niña se río de mí e hizo algún comentario sobre mi cuerpo en un camarín de una piscina. Recuerdo muy bien el desconcierto porque NUNCA había mirado mi cuerpo de esa forma. Nunca había buscado estética en él. Me era absolutamente funcional. En ese momento, por ejemplo, lo iba a usar para nadar y me recuerdo contenta por eso. Pero luego de que esa niña hizo esto, me miré en un espejo y noté un millón de cosas. Tuve un millón de preguntas. Fue como si me hubiese puesto un filtro en los ojos, un filtro que nunca más me saqué. Creo que la próxima vez que tuve que ponerme un traje de baño lloré. Creo que en adelante nadé cada vez menos, hasta que dejé de hacerlo.

Luego vinieron cientos de consecuencias del mismo fenómeno. Comencé a darme cuenta de los modos en que mi mamá escogía su ropa, por ejemplo. Comencé a darme cuenta de la “importancia” de la ropa. Comencé también a darme cuenta de cuánto comía y qué comía. Mi cuerpo, la ropa y la comida se volvieron cosas brutalmente diferentes. Y todo comenzó a traducirse en un instante. Aquel en que me miraba al espejo. Aquel en que veía una foto de mí. Mi reflejo… Mi representación. Lacan (1971) le llamó a ese otre que uno ve en el espejo un “ideal”, por otras razones, claro. Y también comenta que ese momento en que los niños se encuentran a sí mismos en el espejo es un instante de júbilo. ¿Qué pasó entonces? ¿qué pasó conmigo? ¿qué pasó con tantas?

Me recuerdo dejando de comer por periodos. En otros me recuerdo escondida vomitando lo que comía. Sobre todo recuerdo la cantidad infinita de tiempo que perdí pensando o conversando sobre cómo solucionar aquello que me devolvía el espejo a cada momento que lo usaba. Esto por no mencionar la cantidad de dinero que mi mamá invirtió en psicólogos y psicólogas especialistas en hábitos alimenticios y en trastornos asociados al autoestima.

Todo eso era lo mío. Lo personal. Pero tantas de mis amigas lo vivía también. Con distinciones, claro, pero no requiere mucho esfuerzo darse cuenta de que se trata de lo mismo. Hay aquellas que lo viven absolutamente al revés. Que aman lo que ven en el espejo, que lo acentúan, lo muestran, lo usan, lo gozan y lamentan que la del lado lo viva como lo viví yo. Que aconsejan al respecto y que felicitan a sus amigas que “lo logran”. Otras que deben invertir objetivamente la mitad de sus vidas en esto. Que cultivan su cuerpo y su belleza como trabajo part time y el logro asociado las llena de dicha.

Yo estaba viviendo así cuando fui al Primer Encuentro Sororo. Ahora lo siento como algo tan lejano y sin sentido, pero era así. Todos los días hacía ejercicios focalizados en “el” objetivo, comía poco y bien calculado, pesaba solo tres kilos menos que ahora, pero parecía más porque había tonificado mi cuerpo. Y además mi closet tenía la función de enseñar eso… Lo había llevado bastante al límite porque leía mucho menos, veía muchas menos películas, había modificado incluso lo que escuchaba, había transformado mis redes sociales en una exhibición de “mi forma” y había empezado a cultivar algunas relaciones humanas cuyo sustento espiritual, político e intelectual tenían el peso relativo de un diente de ajo. Y sin embargo, lo mismo… No había llegado a puerto.

Como con todo lo fundamental, incomoda. Alguna parte de ti te avisa que hay algo “mal puesto”. Hace mucho tiempo que #La Rebelión Del Cuerpo se me había aparecido como algo fundamental, pero aún no sabía cómo adecuarlo adentro mío. Fui, entonces, al Primer Encuentro con la cabeza y el corazón completamente abiertos, esperando entender algo, aprender algo, contribuir en algo. Sabía que sería fuerte, pero no tanto.

Suena obvio:

Llegué a una sala en la que todas las mujeres habíamos pasado por lo mismo. Suena obvio decir que todos, absolutamente todos nuestros cuerpos eran diferentes. Suena obvio que muchas habíamos tenido trastornos alimenticios. Suena obvio que todas éramos inseguras en algo de nosotras mismas (notoriamente o no).

“Lo personal es político”. Lo que vives tú, lo está viviendo tu compañera del lado. Lo que vives tú, lo está viviendo tu hermana, tu vecina, todas. Eso que lloras escondida, eso que te incomoda y no dices, eso de lo que hablas constantemente, eso que te preocupa prioritariamente, eso por lo que te validas, eso que buscas con uñas y dientes sin parar, eso que crees te hace “mejor”, eso que ves como un logro inconmensurable. Todo eso es personal, pero les pasa a todas. Si les pasa a todas, ya no es solo personal. Es también colectivo. Es, por lo tanto, un fenómeno social. Un fenómeno que afecta a un altísimo porcentaje de la población. Entonces es, sin duda, un problema político. Uno que produce y reproduce el sistema en el que vivimos.

Y entendí que aquello que me pasó en el camarín de una piscina y que cada una de sus consecuencias no eran culpa mía, ni de mi mamá, ni de esa niña. La culpa era del sistema y entonces se me apareció una nueva lucha política. Una más grande. Una con más fuerza.

Este sistema que nos deformó la mirada y nos cambió el cuerpo tiene una base principalmente económica. Sus medios son variados, pero la base está en lo económico. Así como ha ocurrido con la moda, ha ocurrido con los cuerpos y hoy una de las fases del capitalismo se sustenta en concebir a las mujeres como una consumidora fundamental. Ha cristalizado una cultura para venderle cualquier cosa que pueda acercarlas más a aquel modelo de belleza que les mostró como el más deseable.

Los estereotipos se basan en eso, el estereotipo existe, por supuesto, y depende de unas cuántas cosas que (restando la genética) requieren de gran esfuerzo, pero principalmente, de un gran bolsillo. Y la verdad ni siquiera dependen ya de ese gran bolsillo, porque hoy puedes reemplazarlo por un gran cupo en tu tarjeta de crédito y unas prioridades muy mal puestas (porque además algunas de ellas requieren de otra cosa muy capitalizada al día de hoy: tiempo).

La industria de la moda, el entretenimiento, la publicidad y tantas otras cosas que consumimos la mayor parte de nuestras vidas, voluntariamente o no, han instalado los cánones a los que debemos aspirar y han producido los estándares con los que tenemos que definir todos nuestros objetivos. Esto no solo tiene que ver con el cuerpo femenino, claramente, pero aquí me ocupo específicamente a ello.

Mientras más inseguras seamos, más consumiremos. Mientras más lejos estemos del estereotipo, más consumiremos.

Vivimos en un sistema que oferta para aquellas necesidades que derivan de nuestra inseguridad y nuestra disconformidad (creadas por los mismos que ofertan). Vivimos en un sistema que busca mostrarte lo lejos que estás del estereotipo para que inviertas más tiempo y dinero en ello. Más planes de ejercicios, más ropa deportiva, productos más rebuscados, más suplementos alimenticios, más vitaminas para mujeres, más pastillas que queman grasa, aceleran el metabolismo o reducen la retención de líquidos, más ropa (que cubra lo que no se puede ver o que muestre todo lo que logramos), más ingredientes de origen oriental que tienen esas propiedades que estabas esperando que alguna mierda tuviera para poder metértela a la boca…

Y ahí es cuando todo tiene sentido. La lucha no es contra mi genética, ni mi metabolismo, ni la forma de mi cuerpo, ni mi crianza, ni mi retención de líquidos, ni mi alimentación, ni mi estado físico. La lucha es contra un sistema económico macabro que nos ha minado a todes, que es grande y pisa muy fuerte.

En el Encuentro Sororo nos hicieron una pregunta que me dolió mucho, esta era si habían cosas que nos gustaban o queríamos hacer y que las habíamos dejado de hacer por inseguridad, por disconformidad con nosotras mismas… Pensarlo dolió porque la lista era larga y se constituía de asuntos cotidianos. Me avergoncé por dentro. Luego hubo que compartirlo con un grupo de mujeres desconocidas. Creí que no iba a ser capaz, hasta que ocurrió la magia.

Ya había escogido en mi cabeza qué diría. Me daba vergüenza decirlo, pero me parecía la más rápida de contar, quería salir rápido de eso. Primero habló otra chica, y ¡boom! Dijo exactamente lo que yo iba a decir. También lo dijo rápido, como en genérico, y cuando (bastante emocionada) le dije que iba a decir lo mismo, comenzamos a narrar los detalles. Todos los detalles.

Su “personal” era mi “personal” y entonces, teníamos un problema político que podíamos combatir juntas, pues el enemigo era común… Siempre fue común. Y luego vino esa frase de Nerea De Ugarte (2018)… Esa frase que enraizó mi acontecimiento:

“En un mundo que lucra con tu inseguridad, gustarte es un acto de protesta”.

Puente quemado y ya del otro lado. Eso es un acontecimiento, una modificación radical del status quo. Un suceso no planeado que transforma la realidad para nunca volver a ser la misma. Se dice que uno es “fiel” a los acontecimientos si es que realmente fueron acontecimientos (Badiou, 2004). Y aquí estoy yo, con más fidelidad que nunca, protestando todos los días: tratando de gustarme como soy. Preocupándome por primera vez de mi cuerpo como lo más maravilloso que tengo, pero queriéndolo única y llanamente: saludable, sano.

Este 8 de marzo va la huelga, va la memoria, va el homenaje, va la resistencia, van los puños en alto, los gritos de lucha y la sororidad ante todo, pero también va, sí o sí, la rebelión del cuerpo como acontecimiento.

 

Badiou, A. (2004). El ser y el acontecimiento.

De Ugarte, N. (2018). Gustarte es un acto de protesta. TEDxSantaCruzdelaSierraWomen, TEDx Talks. En: https://www.youtube.com/watch?v=dbGowHAaLtw

Lacan, J. (1971). El estadio del espejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica en Escritos 1. Obras completas en CDromm.

Mouffe, C. (2007). En torno a lo político. FCE. Buenos Aires.

Rancière, J. (1996). El desacuerdo. Filosofía y política. Nueva Visión. Buenos Aires.

Primera ola feminista. Tan lejos tan cerca

Por Tatiana Rojas

Pareciera ser algo tan lejano y superado. La denominada primera ola, logró llevar el feminismo al terreno del activismo, y efectivamente ganó espacios concretos, aunque no exclusivos y ciertamente inacabados. La lucha se centró en 4 demandas específicas: (1) el derecho a ejercer el sufragio; (2) derecho a ejercer cargos de representatividad y de alta responsabilidad; (3) el libre acceso a los estudios superiores y a todas las profesiones y (4) la posibilidad de una participación vinculante en la política nacional. Estas fueron las banderas de lucha de fines del siglo XIX y primera mitad del siglo XX para las mujeres. Sin embargo, matices más matices menos, estos espacios negados alguna vez en lo concreto, siguen siendo negados en lo abstracto, lo que hasta hoy se ve expresado a través del discurso y las prácticas cotidianas. Gestos, palabras o costumbres, sobre los que debemos afinar un poquito la mirada, para darnos cuenta que aún tenemos un largo camino por recorrer.

Aquello que se ha institucionalizado en la norma no ha sido igual en las costumbres y por muy escrito que esté, en leyes, decretos o instructivos, no muchos se detienen a identificar aquellas ausencias o presencias que hacen que las mujeres sigamos ocupando un lugar secundario en nuestras sociedades. En esa línea de análisis, debemos recordar que la sociedad es sumamente dinámica, sin embargo, las culturas en las que las sociedades se desarrollan, son bastante más estáticas. Es así, que aquello que parece ser importante y urgente de modificar, no será legitimado socialmente hasta que no haya pasado un periodo de prueba y error, donde nos caeremos y levantaremos muchísimas veces y no será hasta que haga sentido a la mayoría y que sea algo más allá de lo que se dice, que se instale a nivel de pensamiento y práctica, que habremos logrado un cambio. Una vez que algo no se cuestiona por la mayoría (jamás habrá acuerdos cerrados), entonces podremos hablar de un cambio cultural.

Veamos entonces, ¿por qué estamos en deuda aún, pasado más de un siglo?

  1. Las mujeres hoy ejercemos sufragio universal, pero parece haber una desventaja en cuanto a formación política o al menos en lo que se refiere al acceso a la información sobre los proyectos políticos de candidatos en competencia, por ejemplo. Se tiende a decir que la política es tema de hombres y que los intereses de las mujeres van por otros caminos. Todo esto reforzado por estereotipos en la escuela, por socialización en la familia, por la publicidad y medios de comunicación. El resultado, un bajo ejercicio de voto informado, sobre todo visto desde un análisis interseccional. Hemos entendido y asumido la importancia de nuestra participación en las urnas, queda pendiente analizar cuáles son los temas que nos mueven como electorado femenino.
  2. Las mujeres podemos ser electas en cargos de representatividad, pero las cifras aún muestran un desequilibrio numérico en las candidaturas según sexo. En 2017 se aplicó por primera vez la Ley de Cuotas o criterio de paridad de género, que incorporó un sistema proporcional inclusivo que favorece la representación de mujeres, pero sólo para el Congreso Nacional. Sin embargo, en esas elecciones, se pudo observar que las campañas electorales se enfrentaron en situación de desigualdad por parte de candidatos y candidatas, esto en cuanto a los aportes financieros estatales, a las posibilidades de préstamos con que cuentan las mujeres y a los aportes económicos destinados por los partidos. En este último caso, los partidos políticos se vieron emplazados a dar respuesta, nominando candidatas mujeres a través de una selección poco exhaustiva y tardía, lo que se expresó en poca preparación en el proceso y baja adhesión por parte de sus propios correligionarios. Quedó demostrado que no existe una cultura paritaria al interior de los partidos políticos, más allá de los discursos. Finalmente, aún falta avanzar en incorporar el principio de paridad de género en todos los sistemas de elecciones populares para dar mayor coherencia y menos excepcionalidad a la inclusión de mujeres en la competencia
  3. Hoy accedemos a la educación superior y no existe restricción explícita por áreas del conocimiento o carreras, pero se ha confirmado que mujeres y hombres se concentran especialmente en ciertos espacios, lo que a su vez marca el futuro ejercicio profesional. Los hombres concentran las matriculas predominantemente en el área de la tecnología y las ciencias, donde están las carreas más rentables (ingenierías). Por su parte, las mujeres presentan matrículas mayoritariamente en las áreas de la salud, ciencias sociales y educación, concentrándose en las carreras de enfermería, obstetricia, nutrición; educación parvularia y pedagogías básicas y en trabajo social. Aunque esta es una mirada gruesa de la situación, es efectivamente una tendencia y es un claro reflejo de lo que la sociedad nos impone: somos las cuidadoras por excelencia y nos han educado para ello.
  4. Por último, otra de las luchas de aquellos tiempos de la primera ola feminista, se refería a lograr una participación vinculante en política y a la posibilidad de ser nominadas para cargos de autoridad y toma de decisiones. Aunque existen ejemplos de ello, son sólo anécdotas, pues directorios, altos cargos y toma de decisiones siguen siendo espacios ocupados en muy baja proporción por mujeres, lo que una vez más responde a prejuicios, estereotipos y dogmas que establecen, implícita o explícitamente, para que están o no preparadas las mujeres. Hoy en Chile, después de 100 años de búsqueda de reconocimiento, se están implementando leyes y políticas para aumentar la participación femenina en estos espacios, respondiendo a una pujante demanda por parte de movimientos y organizaciones. Esto se suma a que cada vez hay más mujeres preparadas para ello, aunque los hombres aun no estén preparados para ceder espacios, paradoja que debemos revertir.

Vemos como los puntos centrales por los que lucharon nuestras predecesoras, en busca de ganar espacios de derechos para las mujeres chilenas, parecen tan lejos en el tiempo, pero siguen estando tan cerca, pues aún no contamos con su desenlace. Está claro que aquello que está en el papel, no necesariamente ha sido legitimado en la acción. La primera ola feminista concretó logros indiscutibles, pero hoy con otros énfasis, con otros protagonismos y reforzadas necesidades, aún tenemos deudas sin saldar.