Sobre exigidas, precarizadas, pero celebradas

Por Natassja de Mattos, Tatiana Rojas y 
Viviana Vicencio

“¡Siempre están ahí!” Eso dice un spot publicitario que invita a celebrar a las mamás este domingo 10 de mayo, agradeciendoles por su incondicionalidad, hoy más que nunca. En efecto, esta es una de las características del rol materno en nuestra sociedad y, si bien esto se justifica y sustenta en el “amor de madre”, este se ha vuelto una obligación y exigencia social que se traduce en responsabilidades y labores exclusivas que pueden producir agobio. Si a esto se agrega un sistema que vulnera los derechos de maternidad, restando y obstaculizando oportunidades laborales, un mercado del trabajo en que muchas mujeres acceden a empleos precarios o informales, y una pandemia, estamos frente a una situación compleja. 

Desde Communitas Consultora saludamos y celebramos a las mamás, pero creemos que dar las gracias, hacer regalos y darles un día, está muy por debajo de lo que efectivamente se nos debe a las mujeres en nuestro rol reproductivo, en nombre de la justicia, la igualdad, los derechos humanos, la dignidad y la libertad. 

El rol reproductivo es determinado por nuestro sexo y trae aparejada una función social, haciéndonos cargar con responsabilidades que no siempre tienen un correlato con las oportunidades que se nos brindan. Aunque no es el único rol que jugamos las mujeres, se nos reconoce especialmente por este, lo que se relaciona estrechamente con la división sexual del trabajo.

Hoy se nos imponen también desafíos formativos y laborales, lo que es una paradoja respecto a las condiciones que se dispone para conciliar trabajo y familia. En los casos en que se opta o se necesita compatibilizar ambas funciones el escenario es en su mayoría adverso, obligandonos a decidir entre quedarse en casa, tener hijxs o desarrollar carreras profesionales y buscar ascenso laboral. 

Entonces aparece la temida decisión de las mujeres, esa que nos pone en jaque y cuestiona, tildándonos de egoístas y anti natura cuando pensamos en no tener hijxs y llevar una vida que no lxs incluye, y también cuando lxs tenemos manteniendo una vida similar a la que teníamos antes de su llegada. Entonces nos preguntamos ¿es ser madre una decisión o una imposición? debate personal y, por supuesto, político. 

En efecto, el sistema patriarcal impone que las mujeres debemos ser madres y, con ello, se nos responsabiliza exclusivamente del cuidado de lxs hijxs y la familia, es decir confinadas al espacio privado y a cargo del trabajo reproductivo. Por otro lado, el espacio productivo es definido como eminentemente masculino, y por lo tanto organizado y estructurado para ellos y en torno a sus necesidades. 

Nuestra incorporación al mundo laboral hace evidentes las dificultades y obstáculos que se nos presentan para conciliar ambas funciones: maternidad y trabajo. Si bien se ha legislado en torno a derechos de maternidad y normas de protección a la familia, estos no funcionan como garantías y presentan deficiencias que vulneran a las mujeres embarazadas que trabajan y a sus hijxs. 

En concreto, hay una contradicción de base. La fuerza laboral femenina remunerada, es y siempre ha sido necesaria, sin embargo en el mundo del trabajo, las empresas cuestionan implícita o explícitamente los embarazos de sus trabajadoras, los permisos y derechos de maternidad cargan con sanciones tácitas por parte del empleador o de pares, el retorno después de un permiso por maternidad suele ser difícil y las condiciones de las empresas no suelen ser las adecuadas.

En innumerables casos hay antagonismo entre derechos de maternidad y la manutención de las familias. Por ejemplo, el pago de subsidios pre y postnatales, situación que se visibiliza en la precariedad laboral a la que están sometidas una gran cantidad de mujeres, ya que no todas las chilenas que trabajan tienen derecho a dicho subsidio. Si consideramos que la legislación vigente nos dice que hay derechos irrenunciables como los permisos de pre y postnatal ¿cómo una madre y su hijx puede vivir o sobrevivir sin el pago de este subsidio y obligada a dejar de trabajar? 

Cuando el trabajo es precario, con una remuneración baja y un contrato inestable, la mayoría de las veces las mujeres deben simplemente abandonarlo dedicándose 100% a la crianza. Esto altera las carreras y trayectorias laborales, lo que a la larga va siendo un círculo vicioso, pues cuando se busca un nuevo trabajo, el currículum o la experiencia es insuficiente. Como resultado, se perpetúa el lugar de muchas mujeres en el mundo privado. 

Es imperativo que el Estado garantice a todas las familias mantener sus ingresos durante el periodo prenatal y postnatal. Para ello se deben generar políticas de protección a la maternidad que actualicen normas y leyes, resguardando las condiciones laborales de las mujeres y asumiendo, la sociedad en su conjunto, el beneficio social del nacimiento de lxs hijxs. Se reduciría la carga de las madres y esto a su vez permitiría, probablemente, aumentar las tasas de fertilidad, considerando que el Índice de Fecundidad de 2017 fue de tan solo 1,68 (Dembowski, 2014).

Por otro lado, hoy la pandemia ha llevado a los gobiernos a implementar variadas medidas preventivas ante la amenaza por contagio de COVID-19, entre ellas las cuarentenas. El teletrabajo se volvió, en muchos casos, la forma de mantener los empleos y proteger a la población. Sin embargo, aquellas mujeres que acceden a trabajos informales o más precarizados en que el teletrabajo no es una posibilidad, el contexto se traduce en desempleo o en la obligación de exponerse al contagio para mantener ingresos. Estas mujeres, cuando además son madres, se ven en una situación difícil, pues las instituciones de educación y cuidado, en su mayoría, se encuentran cerradas o en receso. En tales casos se ven en la obligación de quedarse al cuidado de lxs hijxs, teniendo que ausentarse del trabajo, sumándose carga a las labores diarias, o teniendo que buscar ayuda de cuidado entre sus redes cercanas, que en general son otras mujeres. 

En el caso de las mujeres madres que pueden optar al teletrabajo también hay problemas. La cuarentena aumentó e intensificó las labores, presiones y exigencias, la mimetización del espacio doméstico con el de trabajo es una carga mayor para las mujeres, especialmente las madres. Si bien en el status quo pre pandemia ya hablábamos de dobles y triples jornadas de trabajo, ahora aumentaron y se han hecho más evidentes. Los límites horarios y espaciales del trabajo se pusieron borrosos, generando estrés y sobre exigencia; las vacaciones adelantadas, recesos extraordinarios y educación a distancia obligan a lxs hijxs a quedarse en casa, llevando a las madres, en la mayoría de los casos, a ser quien cuida, cría, acompaña y además educa; la dedicación al trabajo doméstico no remunerado y los cuidados dejó de tener un horario definido y se amplificó a todo horario; entre otros. 

En la 9º Encuesta de La Rebelión del Cuerpo sobre Maternidad y Estereotipos, más de la mitad de las mamás que la respondieron dijeron que se han sentido presionadas por lo que se espera de ellas durante la cuarentena. En esto también inciden los espacios de esparcimiento, como son las redes sociales, pues el inicio de las cuarentenas produjo una masiva producción de propuestas, sugerencias y ofertas destinadas a ocupar, de la manera “más saludable” y productiva posible, el supuesto tiempo extra que nos traía quedarnos en casa. Son presiones y exigencias, disfrazadas de ideas y desafíos, que aquejan sobre todo a mujeres y madres en esta crisis. 

 En las últimas semanas, mientras se acercaba el 10 de mayo, se ha hecho eco de las dificultades de las madres en este contexto de crisis, problematizando su lugar y condiciones de vida en la sociedad. Esto no impidió la contradicción de que diferentes medios publicaran el martirio que están viviendo muchas mamás al mismo tiempo que comenzaban las ofertas y la publicidad por el día de las madres, en la mayoría de los casos endiosándolas por su incondicionalidad. 

Claro que hay que celebrar el Día de la Madre, pero no sin tomar consciencia de las dificultades, vulneraciones y paradojas producidas por la violencia sistémica de género en sus distintas formas. Tampoco sin problematizar la imposición social del rol reproductivo y las responsabilidades que se le asocian, ni olvidándonos de avanzar en corresponsabilidad, en garantías de derechos de maternidad y la actualización de estos mismos. No sin alivianar las presiones y sobre exigencias sociales que se nos imponen. Menos sin seguir luchando por la autonomía de decidir sobre nuestros cuerpos porque “la maternidad será deseada o no será”.

 

*Ilustración de Maya Ish-Shalom, en Bobrow, E. (2020). How single mothers in New York city are coping with quarantine. The New Yorker. [En: https://bit.ly/3borOa6, visitado el 11 de mayo de 2020 a las 09:46]
*Dembowski, N. (2014). ¿Derecho a la maternidad en Chile? Sólo para algunas. CIPER. [En: https://bit.ly/2LipS8j, visitado el 11 de mayo de 2020 a las 09:46]

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