Primera ola feminista. Tan lejos tan cerca

Por Tatiana Rojas

Pareciera ser algo tan lejano y superado. La denominada primera ola, logró llevar el feminismo al terreno del activismo, y efectivamente ganó espacios concretos, aunque no exclusivos y ciertamente inacabados. La lucha se centró en 4 demandas específicas: (1) el derecho a ejercer el sufragio; (2) derecho a ejercer cargos de representatividad y de alta responsabilidad; (3) el libre acceso a los estudios superiores y a todas las profesiones y (4) la posibilidad de una participación vinculante en la política nacional. Estas fueron las banderas de lucha de fines del siglo XIX y primera mitad del siglo XX para las mujeres. Sin embargo, matices más matices menos, estos espacios negados alguna vez en lo concreto, siguen siendo negados en lo abstracto, lo que hasta hoy se ve expresado a través del discurso y las prácticas cotidianas. Gestos, palabras o costumbres, sobre los que debemos afinar un poquito la mirada, para darnos cuenta que aún tenemos un largo camino por recorrer.

Aquello que se ha institucionalizado en la norma no ha sido igual en las costumbres y por muy escrito que esté, en leyes, decretos o instructivos, no muchos se detienen a identificar aquellas ausencias o presencias que hacen que las mujeres sigamos ocupando un lugar secundario en nuestras sociedades. En esa línea de análisis, debemos recordar que la sociedad es sumamente dinámica, sin embargo, las culturas en las que las sociedades se desarrollan, son bastante más estáticas. Es así, que aquello que parece ser importante y urgente de modificar, no será legitimado socialmente hasta que no haya pasado un periodo de prueba y error, donde nos caeremos y levantaremos muchísimas veces y no será hasta que haga sentido a la mayoría y que sea algo más allá de lo que se dice, que se instale a nivel de pensamiento y práctica, que habremos logrado un cambio. Una vez que algo no se cuestiona por la mayoría (jamás habrá acuerdos cerrados), entonces podremos hablar de un cambio cultural.

Veamos entonces, ¿por qué estamos en deuda aún, pasado más de un siglo?

  1. Las mujeres hoy ejercemos sufragio universal, pero parece haber una desventaja en cuanto a formación política o al menos en lo que se refiere al acceso a la información sobre los proyectos políticos de candidatos en competencia, por ejemplo. Se tiende a decir que la política es tema de hombres y que los intereses de las mujeres van por otros caminos. Todo esto reforzado por estereotipos en la escuela, por socialización en la familia, por la publicidad y medios de comunicación. El resultado, un bajo ejercicio de voto informado, sobre todo visto desde un análisis interseccional. Hemos entendido y asumido la importancia de nuestra participación en las urnas, queda pendiente analizar cuáles son los temas que nos mueven como electorado femenino.
  2. Las mujeres podemos ser electas en cargos de representatividad, pero las cifras aún muestran un desequilibrio numérico en las candidaturas según sexo. En 2017 se aplicó por primera vez la Ley de Cuotas o criterio de paridad de género, que incorporó un sistema proporcional inclusivo que favorece la representación de mujeres, pero sólo para el Congreso Nacional. Sin embargo, en esas elecciones, se pudo observar que las campañas electorales se enfrentaron en situación de desigualdad por parte de candidatos y candidatas, esto en cuanto a los aportes financieros estatales, a las posibilidades de préstamos con que cuentan las mujeres y a los aportes económicos destinados por los partidos. En este último caso, los partidos políticos se vieron emplazados a dar respuesta, nominando candidatas mujeres a través de una selección poco exhaustiva y tardía, lo que se expresó en poca preparación en el proceso y baja adhesión por parte de sus propios correligionarios. Quedó demostrado que no existe una cultura paritaria al interior de los partidos políticos, más allá de los discursos. Finalmente, aún falta avanzar en incorporar el principio de paridad de género en todos los sistemas de elecciones populares para dar mayor coherencia y menos excepcionalidad a la inclusión de mujeres en la competencia
  3. Hoy accedemos a la educación superior y no existe restricción explícita por áreas del conocimiento o carreras, pero se ha confirmado que mujeres y hombres se concentran especialmente en ciertos espacios, lo que a su vez marca el futuro ejercicio profesional. Los hombres concentran las matriculas predominantemente en el área de la tecnología y las ciencias, donde están las carreas más rentables (ingenierías). Por su parte, las mujeres presentan matrículas mayoritariamente en las áreas de la salud, ciencias sociales y educación, concentrándose en las carreras de enfermería, obstetricia, nutrición; educación parvularia y pedagogías básicas y en trabajo social. Aunque esta es una mirada gruesa de la situación, es efectivamente una tendencia y es un claro reflejo de lo que la sociedad nos impone: somos las cuidadoras por excelencia y nos han educado para ello.
  4. Por último, otra de las luchas de aquellos tiempos de la primera ola feminista, se refería a lograr una participación vinculante en política y a la posibilidad de ser nominadas para cargos de autoridad y toma de decisiones. Aunque existen ejemplos de ello, son sólo anécdotas, pues directorios, altos cargos y toma de decisiones siguen siendo espacios ocupados en muy baja proporción por mujeres, lo que una vez más responde a prejuicios, estereotipos y dogmas que establecen, implícita o explícitamente, para que están o no preparadas las mujeres. Hoy en Chile, después de 100 años de búsqueda de reconocimiento, se están implementando leyes y políticas para aumentar la participación femenina en estos espacios, respondiendo a una pujante demanda por parte de movimientos y organizaciones. Esto se suma a que cada vez hay más mujeres preparadas para ello, aunque los hombres aun no estén preparados para ceder espacios, paradoja que debemos revertir.

Vemos como los puntos centrales por los que lucharon nuestras predecesoras, en busca de ganar espacios de derechos para las mujeres chilenas, parecen tan lejos en el tiempo, pero siguen estando tan cerca, pues aún no contamos con su desenlace. Está claro que aquello que está en el papel, no necesariamente ha sido legitimado en la acción. La primera ola feminista concretó logros indiscutibles, pero hoy con otros énfasis, con otros protagonismos y reforzadas necesidades, aún tenemos deudas sin saldar.

 

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